LUGARES EXTRAÑOS
EL INFIERNO

El Infierno es un lugar terrible. La mayoría de las muertes son asuntos desagradables, pero ir de una muerte desagradable directamente a un lugar tan horrible como el Infierno acaba siendo una tragedia desastroza. Este es más, especialmente, el caso puesto que el Dios no nos desea en el Infierno. No importa si usted, su pastor, su maestro, sus padres o cualquiera cree en el Infierno o no. Su existencia es tan segura como la de la luz del sol. El hecho es que el Infierno realmente existe, además, ¿por qué estonces la biblia dá tantas menciones de él? Si no existiera, la biblia no lo mencionaría tanto. Usted puede preguntarse que por qué un Dios cariñoso enviaría a hombres al Infierno. La respuesta a esa pregunta miente en el hecho de que el Dios es perfecto en cada aspecto, y su amante no lo hace perder su calidad de justicia; debemos entender como El simplemente ha balanceado sus atributos perfectos. La cosa más importante para que entendamos es que debemos intentar la salvación del Dios para evitar los horrores del Infierno.
Cuando mueres siendo lo suficientemente malvado para entrar al Infierno, dejas de existir. Es una puerta al sufrimiento y hacia el dolor eterno; el Infierno es el castigo para los que no fueron dignos de entrar al Cielo, a nuestra salvación. Hay dos declaraciones aparentemente triviales con las cuales quisiera presentarle:
1-El Infierno es caliente.
2-La eternidad es por siempre.
Estas declaraciones son solamente tan triviales como la consideración que usted les dá. Si usted responde a ellas profundamente, garantizo que usted comenzará a conseguir una ojeada de la sabiduría verdadera. El Infierno es una puerta a lo desconocido ya que nadie jamás y nunca ha vuelto de ahí para contarnos con exactitud pero nuestras juguetonas mentes se quedarán con la duda sobre que hay allá, como es ese lugar y quien nos recibirá; cuando nos llegue el momento de morir, lo descubriremos.

LA ATLÁNTIDA

Desde que Platón escribió sus misteriosos diálogos llamados "Timeo" y "Critias", cuya extensión no es más que de unas 20 páginas de un libro actual, la leyenda de la Atlántida ha fascinado a muchos. El filósofo señalaba que en ese misterioso lugar moraba un pueblo extraordinariamente civilizado y rico, y que un día sobrevino en el mundo un cataclismo de tales magnitudes que en un lapso de 24 horas lo hundió en el mar, con todas sus riquezas y esplendores. Esto ocurrió, dice Platón, 9500 años antes de que él lo escribiera.
Según el investigador Otto Muck, la Atlántida era un paraíso templado-cálido, de fértiles llanuras, en cuyas cordilleras abundaban los bosques de maderas valiosas. Era una tierra rica en cobre, estaño, oro y plata. Era tanta la riqueza de aquellas tierras y tal la excelencia de su clima, que su población se multiplicó rápidamente, llegando a los 60 millones de habitantes; una cifra portentosa, más si se estima que Egipto (unos de los países más densamente poblados del mundo antiguo) no pasó jamás de los 15 millones. También parece haber sido una civilización muy avanzada para aquellos tiempos, en los que Europa recién entraba al periodo neolítico. Pero dice la tradición que los atlantes se alejaron de su dios, de sus antiguos líderes, y extraviaron el propósito de sus vidas; y que por esa causa el dios Zeus había decidido castigarlos.

El sacerdote jesuita A. Kirchner, investigador de la obra de Platón, afirmó en el año 1665 que el continente perdido habría estado en el océano Atlántico, entre España y América, dato que es compartido por la mayoría de los investigadores actuales.
Cuentan las leyendas antiguas, que entre los siglos XII y I antes de Cristo, era imposible alejarse de la costa europea más allá de las Columnas de Hércules ( hoy estrecho de Gibraltar) pues se encontraban aún flotando enormes masas de lodo procedentes del cataclismo que hundió a la Atlántida. ¿Cómo sería posible esto? Una respuesta muy seria la dan los vulcanólogos, especialmente aquellos que tuvieron la opurtunidad de estudiar los efectos de grandes erupciones. Nos indican que las cenizas volcánicas son lanzadas a gran altura mezcladas con ácido carbónico, nitrógeno, agua y anhídrido sulfúrico. La lava en estado de cenizas es porosa y los ácidos y el agua extraen de ella gran cantidad de compuestos minerales hasta dejar sólo los materiales más inertes y duros; estos constituyen la piedra pómez, una piedra tan liviana que flota sobre el agua hasta que, poco a poco, se impregna y se hunde.

EL PURGATORIO

Alguna vez se han preguntado ¿qué viene después de la muerte?, y se han contestado: los buenos van al cielo y los malo al infierno; pero no es así. Primero van al purgatorio para purificar sus almas y después se decide su destino (cielo o infierno).
El purgatorio es un lugar o estado en el que se encuentran muchas almas de fieles difuntos. Todas las de aquellos que, muriendo en gracia de Dios, no se habían purificado de las reliquias de los pecados cometidos. Allí son purificados mediante el sufrimiento hasta que puedan penetrar, totalmente limpias, en la gloria del Padre.


FINALIDAD DEL PURGATORIO:
Dios perdona nuestros pecados, pero no nos dispensa de repararlos. Al placer del pecado tiene que corresponder un sufrimiento, una pena, el reparar un orden violado. Esta obligación de reparar se llama reato. Cada vez que cumplimos la penitencia que nos impone el confesor y otros sacrificios, saldamos con Dios esa deuda, al menos en parte. Pero cada vez que nuestra flojedad se contenta con pedir el perdón sacramental, vamos añadiendo deuda sobre deuda.
Los santos practicaron muchas penitencias para reparar sus pecados, lo que les valió de mérito, de aumento de gracia y de gloria, y se evitaron las terribles penas del purgatorio. Esperar al otro mundo a restablecer el orden es falta de prudencia sobrenatural.


MEDIOS DE EVITAR EL PURGATORIO:
Podemos y debemos hacer todo cuanto esté de nuestra parte para evitar las terribles purificaciones de ultratumba o para disminuir su intensidad y duración. Dios, como Padre nuestro que es, quiere que no se dilate nuestra separación de El; por eso prefiere que paguemos aquí nuestras faltas, mientras podemos merecer. La vida del cristiano debería ser tal, que, en el momento mismo de morir, estuviera preparado para la inmediata visión de Dios. El purgatorio es el último recurso de la misericordia infinita de Dios para acoger en su seno a las almas imperfectas, que rechazaría su justicia.
Dos cosas fundamentales para evitarlos:
Huir del pecado:
En el momento del juicio, a la luz del más allá, nos daremos cuenta de la espantosa gravedad del pecado. Descubriremos en nosotros multitud de manchas y defectos que ahora se nos escapan, o que apenas si les concedemos importancia.
Hacer penitencia:
Mientras vivimos, con la penitencia, podemos ofrecer a Dios una verdadera satisfacción por nuestras culpas; no así en el purgatorio, donde sólo habrá expiación. Con dolores llevaderos, pero ofrecidos a Dios con amor, unidos a los de Cristo y María, podemos saldar en este mundo todas nuestras deudas con la justicia divina, aumentando nuestros merecimientos a la vez. En el purgatorio no merecemos absolutamente nada. Si tuviéramos fe viva como los santos, el dolor tendría para nosotros más atractivo que el placer para el pagano.
Si no fueras al purgatorio tu alma se consumiría en las fauces del infierno y conocerías el dolor en persona. Aunque no se sabe todo con exactitud porque nadie nunca ha regresado de la muerte para contarlo y por eso nos quedaremos con la gran duda: ¿Qué hay después de la muerte?, ¿La muerte misma? o ¿Hay otra esencia que lo decide?

EL TRIANGULO DE LAS BERMUDAS

El Triángulo de las Bermudas siempre ha sido una zona peligrosa y de misterio, ya que las desapariciones de marineros, pilotos y turistas nunca han sido resueltas.
Los elementos de información en torno a esta zona son intrigantes: en una parte del océano Atlántico occidental, de forma más o menos triangular, comprendida entre las Bermudas, Florida y el meridiano 40, han venido desapareciendo durante los últimos treinta años numerosos aviones y barcos sin dejar ningún rastro de lo que pudo ser de ellos, ya que jamás se han hallado restos ni supervivientes.
Todo lo que alguna vez entró ahí, nunca se le volvió a ver. Desde barcos y buques que navegaban por esa zona; aviones a los cuales se les vió entrar a una neblina para esfumarse sin dejar indicio.

DESAPARICIONES SIN RESPUESTA:
Durante toda la historia, han habido reportes de desapariciones en el Triángulo de las Bermudas. La parte extraña es que nunca han habido restos en el mar; si hubiera sido un naufragio, los equipos de búsqueda habrían encontrado partes del barco como salvavidas, restos del barco, balsas o al menos una mancha de aceite en el agua. Nunca se ha conseguido nada de eso en sus búsquedas.
Los mensajes de algunos aviones, antes de su desaparición, no daban alguna indicación de anormalidad; en efecto, en un momento dado todo estaba marchando normal y al siguiente minuto, todo había desaparecido sin la menor advertencia.
El número de desapariciones sin hallazgo es completamente impresionante y aterrorizador. Lo más misterioso es que no pudieron ocurrir por un huracán o ciclón porque la mayoría de las desapariciones se dieron en buen tiempo.
Según los relatos de los días de la navegación a vela, las Bermudas y la zona más al sur fueron ciertamente denigradas durante cientos de años por la desaparición de navíos cuya suerte pasó a llenar la larga lista de barcos extraviados en el océano, desapariciones habitualmente atribuidas a piratería, tempestades o motines. Sólo en el siglo XIX, y especialmente en el siglo XX, con la mejora de las comunicaciones y de los registros de barcos, se comenzó a pensar que había algo inquietantemente cautivador en tan elevada suma de pérdidas, en especial la ausencia de supervivientes, de restos o cuando la comunicación por radio se generalizó, de indicaciones respecto a lo que estaba sucediendo o había ocurrido con los buques desaparecidos. Por añadidura, buen número de tan misteriosas desapariciones afectaban solamente a los pasajeros y tripulantes; por lo demás, los navíos abandonados parecían estar perfectamente en orden, con sus diarios a bordo, botes salvavidas, cargamento e, incluso, efectos personales en su sitio.
El Triángulo de las Bermudas simpre será una fuente inexplicada de miedo y un enigma misterioso sin explicación. Pero si los barcos, aviones y buques no desaparecieron a causa de fenómenos naturales, ¿qué les ocurrió? ¿A dóde se desvanecieron los tripulantes? ¿Qué pasó con los restos del barco o el avión? Pero más importante, ¿dónde están?

VOLVER